La zorra de Ivette está preñada, pero piensa asegurarse que su hijo sale fuerte a base de un entrenamiento duro de cojones.
El ejercicio consiste en montarse una orgía semanal, y asegurarse que un tiarrón con sable descomunal le atraviese el sapo brutalmente, asegurando el instinto de supervivencia del pequeño ante las adversidades de la futura vida.
Y no hay que olvidar el hecho de que estar preñada le produce un picor de almeja insoportable para esta puta insaciable.
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