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Polvazo en la ducha


Rachel le ha pedido a un amigo que se pase por su casa de la playa, que le quiere hacer un regalo sorpresa a su marido, consistente en un vídeo para que se ponga cachondo mientras está de viaje.
El amigo, que ni es tonto ni es de piedra, en cuanto ve el panorama, se saca el látigo y ejerce de duro guardián de la mazmorra, aporreando con durezo las nalgas de esta zorrita, que tiene una mirada que dan ganas de comerle el coño para desayunar, comer, merendar, y cenar, aunque con ella se podría ampliar la dieta a 10 menús al día


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